La mayoría de nosotros no tenemos la suerte de poder partir desde cero y plantearnos una vivienda permacultural: concebida para acompañar los procesos naturales en todas sus vertientes. Casi todos vivimos en una casa construida para vivir una vida “no-permacultural”, incluso anti-permacultural. Pero si lo que de verdad queremos es aumentar nuestra capacidad de sincronización y respeto por la naturaleza ¿qué podemos hacer que no implique cambiar de casa y nuestro modus vivendi de una forma excesivamente radical?

Pues aquí te va una idea que hemos puesto en práctica en nuestra casa, que contaba con una piscina dentro del jardín. Una de esas que se mantienen con maquinaria que va usando electricidad de la red de suministros y a la que hay que emborrachar de cloro o de sal, para evitar que el agua se ponga verde, se deteriore y sea inapta para el contacto con nuestro cuerpo.

Hay que ser muy cuidadoso con esto. El agua es generadora de vida y en ella tiende a crearse colonias de microorganismos, la mayoría de éstos son simbióticos con la vida, pero siempre depende de la proporción y del número. Porque si unos pocos son salud, una legión son un peligro para ésta. Este es le motivo por el cual la industria de la construcción corta por lo sano y genera instalaciones de sistemas que los mata todos, incluso lo que que son beneficiosos, con la idea de proteger la salud de los bañistas.

Si bien es verdad que si eliminas la práctica totalidad de microorganismos (como terminator ?), eliminas también el peligro que podría acechar a la salud de quienes entren en contacto con ese agua, si las bacterias u hongos llegaran a ser demasiado numerosos.

También es verdad que si no hay ningún microorganismo en el agua, ésta es un agua muerta, que no tiene ningún beneficio para los sistemas vivos (incluído el sistema biológico humano), y que si además de no tener miroorganismos (= vida) tiene sustancias que la atacan, tiene el efecto inverso. Es decir, no solo no es beneficiosa para la vida, sino que además es dañina para ésta. Si el agua, que es alimento primario de la vida, no la alimenta y en su lugar la envenena… ¿qué estará pasando con la vida en un planeta en que las aguas van cargadas de sustancias anti-vida (anti-bióticos)? ¿qué pasa cuando las aguas son asesinas? ¿cómo va a ser la salud de los niños que se bañen, e incluso traguen, esas aguas contaminadas?

Pues nada bueno, seguro. No voy a entrar aquí a exponer las consecuencias de esta realidad que es cotidiana en nuestra sociedad, porque mi propósito con esta publicación es la de mostrar alternativas para mantener el agua sana y viva. Lo que yo considero la mejor forma de tratar el agua que se pone verde.

En esta página te voy a explicar cómo abordamos nosotros este tema. Espero que te sirva de inspiración.

¿Qué piscina es mejor?

Te aseguro que una piscina ecológica es mucho mejor que una piscina convencional. Resulta mucho más económica tanto en su construcción (en caso de que tengas que construirla desde cero), como para su mantenimiento, son necesarios menos recursos y menos costosos. Es mucho mejor para los niños. El resto de los argumentos los irás encontrando a lo largo de estas líneas.

Una piscina que aumente la riqueza ecológica del lugar

El reto me pareció muy atractivo: en un lugar que fue construido para obtener comodidades a costa de usar combustibles fósiles, matar el agua para poder bañarse en agua que parece limpia pero que está muerta y depende de químicos para seguir manteniendo ese estado de muerte pre-degradación, conseguir que la vida se abra paso con todas las ganas y ese elemento contribuya a la riqueza del lugar.

Una piscina que funciona con motores, bombas que consumen una burrada de electricidad y que mueven el agua a través de un filtro de arena, cloro para matar toda vida que pudiera llegar a generarse en ella, … Algo que, a mi, solo pensarlo, me pone los pelos de punta. No puedo evitar pensar en todos esos litros de agua derrochada, arrancada de si ciclo natural, apresada para ser sirviente de humanos desaprensivos, ignorantes e incultos = noscientes*1.

Por todo esto que he explicado, nosotros teníamos muy claro que no queríamos mantener una piscina con cloro y con máquinas funcionando día y noche durante todo el año. No nos interesaba restaurar la sala de máquinas, así que nos importó poco que nada en ella funcionara.

La piscinota  estaba llena de agua densa y oscura, así que nos propusimos limpiarla, y para ello nos dispusimos a vaciarla.

La recuperación de la piscina

Como la maquinaria de la piscina estaba inservible, pensamos en la posibilidad de arreglarla para al menos vaciar el agua estancada que contenía. Pero no encontramos la manera fácil de hacerlo y contábamos con muy pocos medios económicos para invertir. Así que tuvimos que idear estrategias ingeniosas.

El principio de esta aventura tuvo 3 fases:

  1. Vaciar el agua usando el ingenio recurriendo a la ley de los vasos comunicantes.
  2. Vaciar el lodo del fondo.
  3. Limpiar el fondo y dejarlo listo para empezar a crear un ecosistema vivo.

Primera Fase, vaciar el agua de la piscina

En la primera fase para vaciar el agua estancada que ha permanecido en la piscina los 4 años que lleva la casa abandonada, reunimos unos trozos de manguera, los empalmamos ente sí creando una manguera continua muy larga, atamos una piedra en un extremo para evitar que la manguera flote en la piscina y lo sumergimos en el agua enlodada.

El siguiente paso fue, aprovechando que el terreno tiene una pendiente muy pronunciada, llevar el otro extremo a la parte más baja, que queda por debajo del fondo de la piscina. Allí nos dispusimos a absorber el agua para que se despeñara por la ladera. Pero no conseguimos hacer subir el agua por el desnivel desde el fondo de la piscina hasta el nivel del terreno circundante. Bueno, en principio fue un bajón, para que negarlo. Teníamos mucha ilusión en esta obra.

Pero si piensas de forma permacultural, no hay impedimentos para nada. Todo conflicto se vuelve una oportunidad, porque este es uno de los principios de la permacultura: cualquier problema que se plantee, contiene en sí mismo una solución.

Como el agua tiene que subir por dentro de la manguera del fondo de la piscina hasta el terreno, luego circular unos metros a esa misma altura, para luego empezar a bajar, necesita mucha fuerza para hacer el recorrido ascendente. Fuerza que sin ningún tipo de máquinas no teníamos.

Pero se nos ocurrió la idea, la gran idea.

Vamos a llenar la manguera, cual larga es, de agua y vamos a repetir la operación.

Pues eso, llenamos la manguera de agua, bloqueamos el paso doblándola por ambos extremos y volvimos a poner el extremo atado a una piedra dentro del agua y el otro extremo lo llevamos a la parte más baja del terreno. Allí soltamos el bloqueo de la boca de la manguera con la esperanza de que el propio peso del agua que llenaba la manguera, al caer, haría un efecto de succión en el agua de la piscina que albergaba el otro extremo de la manguera en su interior.

Y así fue, nuestras esperanzas se cumplieron y el agua de la piscina empezó a circular por el grupo de mangueras empalmadas y a caer por la ladera de la montaña. Fue un verdadero alivio. El agua estuvo varios días saliendo de la piscina por las mangueras y fluyendo montaña abajo, hasta que paró. Lo malo es que paró cuando la piscina aún no estaba del todo vacía. El agua se había evacuado por la manguera, pero quedaba el fondo de lodo que por denso no podía ser absorbido manguera a bajo.

De nuevo ¡Qué bajón!

Pero bueno, seguimos pensando opciones para continuar con nuestro propósito.

Segunda Fase, vaciar el lodo que quedó en el fondo

No se nos ocurrió nada más ingenioso que usar un cubo. Así que fueron varios días de achicar cubos de… ¡Lodo apestoso! Algo realmente desagradable. Pero más desagradable era que se quedara allí en la piscina toda la materia muerta. Era un tipo de ecosistema que no queríamos en nuestro lugar de residencia, y punto. Esa voluntad fue el motor que hizo que tuviéramos la fuerza para achicar toda aquella porquería (hablando en plata).

Y como una imagen dice más que mil palabras, aquí os dejo con un vídeo en que veréis como fue el proceso.

Empezamos a hacerlo así, aunque pronto nos dimos cuenta que no podíamos llegar muy lejos con esta técnica. Era demasiado lento y pesado. Requería demasiado esfuerzo mantenido en el tiempo… Y no lo vimos demasiado viable.

Se nos ocurrió otra idea: usar dos cubos en vez de uno. Así que nos proveímos de dos cubos. Pere se enfundó unas katiuskas y se metió en la piscina y yo, desde arriba le abastecía y recogía los cubos para vaciarlos en el bosque: le tiraba, primero un cubo, él lo llenaba y entre los dos lo subíamos, yo vaciaba hacia el bosque el cubo que acabábamos de subir mientras Pere llenaba el otro. Yo tiraba el cubo recién vaciado por mi a la piscina y entre los dos subíamos el recién llenado por Pere, y yo lo vaciaba y…. así, una y otra vez, hasta vaciar la mayor parte del lodo. En tres benditos días tuvimos la piscina lista para la siguiente fase.

Tercera Fase, limpiar el fondo

Fue duro, la verdad, no voy a engañarte. Fueron días de intenso, repetitivo y pesado trabajo físico. Pero estamos orgullosos de haberlo hecho.

Luego tocó limpiar el fondo lo mejor posible. Había mucha cal pegada a las paredes de la piscina y se nos ocurrió usar vinagre, pero no hizo mucho efecto. Nos resistimos (por nuestra propia salud) a usar nada más fuerte que inevitablemente tenía que ser un químico fortísimo antivida. Así que dejamos las paredes con la cal que tenían, al final, la cal forma rocas, y las rocas son naturales en los medios de agua dulce. Nos limitamos a limpiar los restos de algas pegados a la superficie, los restos de lodo y los exoesqueletos de los insectos que fueron a perecer allí.

¡Volviendo a la vida!

Mantuvimos la piscina limpia y esperamos a que llegaran las primeras lluvias. Para poder aprovechar el agua de la lluvia, tuvimos que canalizarlas de los lugares dónde se concentraba (los desagües de las terrazas, las cubiertas, etc…)

En este punto ya podíamos empezar a pensar en la regeneración del sistema acuático.

Para esto nos abastecimos de plantas semi acuáticas que encontramos en los humedales cercanos. Hicimos una cuidadosa recolección, poniendo atención a dejar varios ejemplares de cada una de las especies que había, para que el ecosistema que se había equilibrado de esa manera no se degradara por faltarle algún eslabón.

Las plantas que crecen en terrenos inundados total o parcialmente tienen todas la capacidad de depurar el agua que pasa por sus raíces: se alimentan de los restos de materia orgánica que el agua transporta y le aportan microorganismos que benefician las cualidades y la calidad del agua.

Para poner las plantas en la piscina, dentro del agua de llúvia que la empezaba a llenar, agujereamos por todas partes algunos tiestos de plástico y algunas cajas de porexpan (de las de las pescaderías y de los congelados), los llenamos de grava fina (de 6-12) y plantamos los ejemplares recolectados.

Las especies fueron: algunas cañas, muy importantes, porque necesitan muchos nutrientes y viven felices en el agua, algunos papiros (pero especies autóctonas de papiros, que no son tan bonitos como los que venden en los gardens), menta de agua, alguna planta de arroz, cola de caballo,

Estas plantas se alimentarán de la materia orgánica que se vaya depositando en el agua y evitarán que vuelva a convertirse en un lodal.

Este es el aspecto que tenía la piscina en este primer momento. Un poco de agua y alguna plantita que esperábamos creciera mucho alimentándose de los residuos que se generan en el agua (hojas, insectos, polen de las flores, micro-algas que se forman en el agua, etc.)

Le pusimos una tela de sombra para proteger el alicatado del sol directo, por si acaso, tampoco queríamos tener que reconstruir la piscina a nivel de la estructura

Luego nos regalaron una plantas flotantes (lenteja de agua, o Lemma minor) que oxigenan el agua y se las añadimos. Como puedes ver en la siguiente foto, el nivel del agua iba subiendo a medida que las lluvias iban cayendo y nosotros íbamos recolectando plantas acuáticas y llevándolas a la piscina para que ayudaran al ecosistema a sobrevivir.

Pasó ya todo el verano y todo el invierno, hemos llegado a otro verano y el agua sigue cristalina \o/ ^.^

Ésta semana hemos estado limpiando el fondo, porque se había acumulado mucha materia orgánica ahí. También hemos retirado muchas plantas que se han formado de las algas que han crecido espontáneamente. Nos hemos dado cuenta que el agua estaría en mejores condiciones si hubiéramos podado bien las plantas al llegar el otoño. Porque muchas han muerto este invierno y como consecuencia han soltado mucha materia en el agua. Con los experimentos de este año pasado hemos visto como el ecosistema se regenera y el agua permanece limpia durante un año. Sin cloro, sin sal, solamente con la inercia de la propia naturaleza. Dejando que la verdadera sabiduría haga las cosas, sin intervención por nuestra parte. Lo único que hemos hecho nosotros es ayudar a que un sistema muerto tenga lo que tiene un sistema acuático en su medio natural: las plantas. Luego llegaron por si solas otras especies que enriquecieron la vida en él. Pero de las especies que pueblan el lugar os explicaré en otra publicación y también te explicaré en qué estamos este verano. ¡que esta publicación ya viene siendo demasiado larga!

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Éste es el aspecto que lucía la piscina en la primavera de 2017, con un año de vida. El agua está cristalina, aunque ha crecido demasiada vegetación espontánea, lo que indica que está saturada de materia orgánica. Como puedes ver en las imágenes, tiene un olivo sobre ella, cosa que no ayuda demasiado a mantener el agua limpia ¡pero es tan bonito!.

Bueno, espero que hayas disfrutado del relato, que hayas obtenido inspiración para experimentar con la recreación de nuevos ecosistemas y que sientas motivación para llevar a cabo muchos experimentos. Yo sigo por aquí haciendo cosas que compartiré en su momento.

Un abrazo graaande y hasta la próxima!


*1) nosciencia:
la característica de la consciencia de tener cierta información pero negarla e ignorarla, actuando como si ésta información no se conociera (comportamiento muy usual hoy en día).